Uno de los grandes retos que vivimos como sociedad es entender que lo colectivo y comunitario es vital y necesario para promover un mundo y una realidad más justa. Eso requiere de contraponer al peso del individualismo subyacente y notorio, los valores que conectan con el bien común. Valores, o enfoques (a gusto del lector), que promuevan la equidad, la solidaridad y la justicia, desde el respeto, la diversidad y la convivencia.
Pocas personas no suscribirían el párrafo anterior como un innegable axioma. Pero… ¿Cómo dar pasos para caminar hacia ello?. En muchas ocasiones queremos que pasen cosas a nuestro alrededor que son auténticas quimeras dada la escasez de políticas, proyectos y actividades que llenen de esa intencionalidad nuestra cotidianeidad. Obras que no sólo emanen de las administraciones públicas, titulares de obligación de ello; también desde la sociedad civil organizada y las relaciones familiares, informales… (eso que podemos denominar corresponsabilidad).
Resulta imposible, con alcance universal, que puedan ocurrir cosas sin educar en ello, sin generar referentes o sin visibilizar el camino de lo posible. Sin conocimiento y experiencia, es imposible promover creencias. Ocurrirá. Pero será de modo arbitrario o casual, nunca justo o causal. Más en un mundo tan rápido, hiperconectado y lleno de estímulos que retroalimentan un modelo de desarrollo donde el consumo y la satisfacción es tan efímera como un video de Tik Tok.
Abrir estos caminos no es tarea fácil. Es compleja, como lo son las relaciones humanas. Requieren de complicidad, compromiso, voluntad y método. Son caminos que deben vencer las fronteras que nos autoimponemos las personas: «eso no se puede hacer», «eso es imposible»…
Un compromiso que podemos y debemos encontrar en los centros educativos, en las entidades, en las políticas, en los barrios… Una complicidad de todos los agentes que creemos en la transformación y que dota de protagonismo a niños, niñas, vecinos, jóvenes, familias… Una voluntad que nos aleja de la complacencia de quien cree que «esta nos es mi tarea», «esta no es mi competencia»…

Sobre métodos (o metodologías, o experiencias) abramos los ojos a muchas cosas que ya se han hecho o probado. Y de esto quería escribir, del recuerdo de cosas que otras personas ya han experimentado para abrir caminos que nos ayuden a educar en la participación. Valga este post para compartir algunas de ellas:
- Juguemos a ser una asociación: trabajo que nos propone una unidad didáctica desarrollada en el curso 2001-2002 en el Instituto Peset Aleixandre de Paterna y liderado por Gema Raquel Frías Bolsico y Paco Estellés Castelló. Acsur-Las Segovias acogió la experiencia dándole forma y compartiéndola.
- Creando futuro: proyecto centrado en la educación en la participación que ha generado toda una red de trabajo por distintos territorios. Todo su experiencia viene recogida en varias publicaciones que detallan todo el itinerario de acompañamiento y educación en la participación. Materiales coordinados por Antonio Moreno Mejías.
- Ágora, propuesta educativa para la participación: una guía destinada a aprender a participar participando desde los centros de tiempo libre y entidades infantiles y juveniles. Promovida desde Fundació Esplai en el año 2012 con la colaboración de muchas personas que trabajaron durante muchos años desde la educación en el tiempo libre.
- Cuadernos prácticos para asociaciones: un clásico del año 2001 revisado y reeditado por el Equipo Crac. Destinado a mejorar el desarrollo asociativo con seis cuadernillos: las reuniones, los proyectos, los equipos, redes asociativas, comunicación asociativa y liderazgo asociativo.

To be continued…