El otro día, inmerso en la tranquilidad del campo, rodeado de un cielo estrellado y del constante sonido de los grillos, contemplaba el huerto de mi suegro. Un terreno cuidado con mimo. Arado, sembrado, abonado, regado… muchas horas de dedicación para que de un trozo de tierra broten tomateras, berenjenas o melones. Un saber hacer que requiere de tiempo, constancia y dedicación. Amenazado constantemente por plagas, eventualidades climáticas…
Un trabajo del que nos beneficiamos todos y todas estos días en forma de ricas ensaladas, exquisitas sanfainas o jugosas y frescas frutas en los postres. Mi suegro sabe mejor que nadie que para conseguir un rico y sano plato se necesita mucho trabajo, mucha paciencia y un objetivo claro que le motive a trabajar día tras día. En su caso, proveer a la familia de ricos y naturales manjares, a la par que ocupar las horas de su jubilación con una actividad que le encanta. Y el sabe que para ello se debe invertir, se debe cuidar y se debe acompañar. Se requiere de intencionalidad.
Y pensaba en él y su constancia, y la contraponía con todo lo que está pasando y nos queda por hacer para avanzar hacia un modelo de políticas y desarrollo social que realmente transforme, empodere y sitúe a las personas en el centro de su ser y hacer. Una sociedad que venza la deshumanización que en ocasiones se observa.
Una difícil empresa. Difícil, por que hay mucho sobre lo que reflexionar, repensar y reorientar… y parece que nunca es el momento o tiempo para ello.
Y pensaba en estas cosas, por que los últimos días han sido especialmente complicados. El lunes 20 de julio se constataba un rumor que nos había llegado a muchas entidades y personas que estamos desarrollando proyectos en esto que se llama tercer sector de acción social. La Consejería de Bienestar y Derechos Sociales de Asturias no iba a convocar las líneas generales de subvenciones. Algo que no me imaginaba que pudiera pasar tras estos meses vividos.
Pero eso fue a las 12.30 de la mañana. Ese mismo día, me tocó comparecer en la Junta General del Principado de Asturias para hablar sobre la gestión de la crisis desde una perspectiva social y educativa. Ya es sabido y muy analizado el impacto sanitario y económico de la misma, pero la reflexión y valoración social siempre parece más compleja de situar en el candelero. Esto era una nueva ocasión de abrir un debate sobre todos los retos que tenemos por delante, sobre la vertebración de un modelo de sociedad que esté preparada para abordar el presente y futuro… tarea que requiere de mucho tiento, motivación y colaboración.
En esa comparecencia no me podía imaginar que se fuera a constatar lo que minutos más tardes el nuevo Director General de Servicios Sociales y Mayores nos trasladó en la mencionada reunión. Un espacio al que asistía una delegación de la Mesa del Tercer Sector de Asturias. No se iban a convocar las líneas generales de subvenciones de la Consejería destinadas a entidades sin ánimo de lucro. No voy a entrar a valorar el impacto más directo que tiene en entidades y proyectos, ya que desde la EAPN-as ya se ha publicado y explicado, pero si quiero detenerme en dos cuestiones:
- Primera, las formas y momento en que se adopta una decisión de estas características
- Segunda, como decisiones de este tipo evidencian lo lejos que estamos de entender la participación social, la innovación, la transformación y el fortalecimiento de modelos de proximidad que empujan en la construcción comunitaria.
La primera es obvia. Estamos en medio de una pandemia. Las entidades sociales, de manera generalizada, se han rearmado, reaccionado, atendido, movido y cubierto muchísimas cuestiones sobre las que la administración no ha tenido capacidad de actuar. Esto es una evidencia y nadie puede negarlo. Lejos de confinarse en si mismas, las ong´s han intentado no dejar a nadie a su suerte a pesar de las múltiples dificultades. Hemos actuado en base a la previsión de recursos que nos podían ir llegando, a aquellos que ya teníamos concedidos y a la solidaridad de la gente e instituciones privadas. Abriendo vías de colaboración entre entidades y municipios.
Hemos entendido que la Consejería de Bienestar y Derechos Sociales tenía un frente complejo con todo lo relacionado con Residencias de Mayores. Pero lo que no nos esperábamos es que en mitad de un año como este, donde la singularidad y necesidad de recursos destinados a la intervención social es tan evidente, se crea que reducir a 0 el presupuesto aprobado y proyectado en el plan estratégico de subvenciones para las convocatorias generales de voluntariado, infancia, inclusión social, discapacidad y mayores, es una buena y oportuna decisión. En un año donde la acción del voluntariado ha sido más necesaria que nunca, que ha requerido de la vertebración de redes de solidaridad y apoyo social, que no se han tenido en cuenta las necesidades y espacios para niños, niñas y adolescentes, que requiere de actuaciones específicas para vencer el aislamiento y riesgos que rodean a personas mayores y a personas con discapacidad… precisamente este año. Es de tal obviedad lo inoportuno de esta decisión.
Pero en lo que no nos estamos deteniendo ante esta decisión, es en la segunda cuestión que apuntaba. Si algo ha puesto de manifiesto la pandemia y la declaración del estado de alarma, es que necesitamos una sociedad activa, conectada, participativa. Una sociedad que tenga capacidad de organización, que quiera, sepa y pueda dar respuesta a las necesidades y a los diferentes factores de riesgo que nos podamos encontrar.
Y para ello se necesitan proyectos con alma, territorios con garra y contextos vivos, dinámicos y solidarios. Se necesita flexibilidad, liquidez, lo que mi güela siempre dice: «remango». Se necesita un ecosistema donde convivan servicios públicos, programas y proyectos consolidados que requieren de un marco más estable de apoyo público e iniciativas y proyectos que se gestan en el marco de convocatorias que permiten poner en marcha y testar proyectos asociativos y de intervención nuevos, disruptivos. Se necesita caldo de cultivo. Esta reflexión sobre los mecanismos de sostenibilidad de servicios públicos y de programas y proyectos de intervención es muy importante y está pendiente. Y lo está, por que está pendiente saber que queremos cultivar. Está pendiente construir una estrategia que nos marque si queremos ir hacia modelos de transformación, socioeducativos, comunitarios y de empoderamiento. Está pendiente tener una mirada amplia e inclusiva de lo que es el tercer sector, conociendo y reconociendo su papel; no ciscunscribiéndolo únicamente a la prestación de servicios y sabiendo que en su mayoría está conformado por pequeñas agrupaciones de personas y movimientos sociales, culturales, deportivos, vecinales… que voluntariamente construyen sociedad.
Homogeneizar es caer en los errores que hemos estado cometiendo durante muchísimos años. El reto radica en potenciar y cultivar la diversidad para tener un gran ecosistema que nos permita avanzar y vencer las desigualdades; que nos permita estar activos y habilitar entornos de cooperación y desarrollo que multipliquen. Cercenar lo micro nos hace menos cercanos y conocedores de la realidad. Todos y todas necesitamos ser un poquito más como mi suegro, capaz de ver en un trozo de tierra seca todo el potencial de vida que tiene. Una persona que podría comprar tomates, pero prefiere plantarlos y compartirlos con su familia y amigos.
Yo espero que seamos capaces de reconducir una situación como ésta. Un jarro de agua fría tras tanto remar que merma de ilusión a quienes estuvimos luchando tanto durante estos meses. Y espero y confío que se reconsidere la situación. Que empecemos a construir la Asturias del futuro, con cuantas más manos mejor. Por que solo así podremos hacer algo realmente significativo e importante. Solo así podremos cultivar una Asturias social.
Ya es muy tarde… Todavía se oye a los grillos.