Cierto es que «hay algunos que dicen que todos los caminos conducen a Roma», quizás son los mismos que «hablaron de futuros fraternales, solidarios, donde todo lo falsario acabaría en el pilón». No se que exactitud puede tener ese espejismo de narrar lo que nos rodea, ya que la lectura de la realidad prefiero hacerla con el sentir y sensibilidad de quienes hacen poesía. «Dejemos los datos» y abracemos el arte, por que sólo el arte llenará los vacíos que vendrán. Vacíos profetizados por aquellos a los que se refería; que vaticinaban un futuro más presente, donde «el día que se avecina viene con hambre atrasada».
Hoy no son «las cuatro y diez» y el reloj se para «cansado de tanto buscar» las pupilas del presente «pidiendo respuesta a cada por qué». Luis Eduardo descansa. Nos deja huérfanos de versos, de trazos… haciendo resonar en nuestras cabezas que «sólo pasaba por aquí». Muchas personas desconocen todo lo que Aute moldeo a lo largo de toda su vida, la velocidad de sus palabras para empujarnos a callejones de amor y desamor, de indignación, de humildad… de verdad, de descubrir el «porque vivir era más que unas reglas en juego».
Corría el año 1998, y desde la imberbitud que nos caracterizaba por aquella época, pudimos compartir con él una entrevista, un concierto y la complicidad de sentir todo su potencial artístico. Llegó la universidad. Algún concierto más, alguna conferencia… horas de canciones y páginas manoseadas de versos bien paridos. Se que de ninguna manera podré olvidarte; espero que nuestro presente y futuro sepa reconocerte todo lo que este español filipino ha dado a la historia del siglo XX.
Maestro… «no te lo pienses dos veces; haz lo que te pida el alma; puede que cambie tu suerte… mira que eres canalla…» Hasta siempre Luis Eduardo, gracias por tanto.
Gracias mama, Roberto, Tino y Lucia por descubrirme su arte. Gracias Silvia por regalarme sus versos.